lunes, 7 de marzo de 2016

COMENTARIO DE UN FRAGMENTO DE EL LAZARILLO DE TORMES. 1º DE BACHILLERATO.



Vuestra merced crea, cuando esto le oí, que estuve en poco de caer de mi estado, no tanto de hambre como por conocer de todo en todo la fortuna serme adversa. Allí se me representaron de nuevo mis fatigas, y torne a llorar mis trabajos; allí se me vino a la memoria la consideración que hacia cuando me pensaba ir del clérigo, diciendo que aunque aquel era desventurado y mísero, por ventura toparía con otro peor: finalmente, allí lloré mi trabajosa vida pasada y mi cercana muerte venidera. Y con todo, disimulando lo mejor que pude, le dije:
-Señor, mozo soy, que no me fatigo mucho por comer, bendito Dios. Deso me podré yo alabar entre todos mis iguales por de mejor garganta, y ansí fui yo loado della fasta hoy día de los amos que yo he tenido.
-Virtud es esa -dijo él- y por eso te querré yo mas: porque el hartar es de los puercos y el comer regladamente es de los hombres de bien."
"¡Bien te he entendido! -dije yo entre mí-. ¡Maldita tanta medicina y bondad como aquestos mis amos que yo hallo hallan en la hambre!"
Púseme a un cabo del portal y saque unos pedazos de pan del seno, que me habían quedado de los de por Dios. Él, que vio esto, díjome:
"-Ven acá, mozo. ¿Qué comes?"
Yo lleguéme a él y mostréle el pan. Tomóme el un pedazo, de tres que eran: el mejor y más grande. Y díjome:
-Por mi vida, que parece este buen pan.
-¿Y cómo, agora -dije yo-, señor, es bueno?
-Sí, a fe -dijo él-. ¿Adónde lo hubiste? ¿Si es amasado de manos limpias?
-No sé yo eso -le dije-; mas a mí no me pone asco el sabor dello.
- Asi plega a Dios" -dijo el pobre de mi amo.
Y llevándolo a la boca, comenzó a dar en él tan fieros bocados como yo en lo otro.
- Sabrosísimo pan está -dijo-, por Dios.
Y como le sentí de qué pie coxqueaba, dime priesa, porque le vi en disposición, si acababa antes que yo, se comediría a ayudarme a lo que me quedase; y con esto acabamos casi a una. Y mi amo comenzó a sacudir con las manos unas pocas migajas, y bien menudas, que en los pechos se le habían quedado, y entro en una camareta que alli estaba, y saco un jarro desbocado y no muy nuevo, y desque hubo bebido convidóme con él.
El Lazarillo de Tormes. Tratado III.

Organización de las ideas.
Fragmento de un texto narrativo, concretamente de la novela El Lazarillo de Tormes, que también incluye el diálogo como forma de elocución. Formalmente se divide en párrafos de desigual extensión entre los que se intercala un diálogo. La estructura interna es la propia de este tipo de textos aunque no comienza por el planteamiento puesto que los personajes han sido presentados con anterioridad. Puede dividirse en tres partes: la primera en la que el autor presenta la situación. La segunda que se centra en el diálogo que mantienen los dos, puesto que es ahí donde se plantea el conflicto; y, para finalizar, la tercera que constituye el cierre de este episodio. De forma más explícita:
Primera parte. Introducción de la situación (líneas 1-7): Certeza de Lázaro del hambre extrema que pasará con su nuevo amo:
·         Recuerdo del hambre que pasó con sus dos anteriores amos.
Segunda parte. Diálogo que demuestra lo expuesto anteriormente (líneas 8-26): Desajuste entre la apariencia y la realidad del escudero:
·         Identificación del amo entre hombre de bien y  control en el comer.
·         Perspicacia de Lázaro al descubrir la pobreza del escudero.
·         Hipocresía del escudero que no sabe cómo justificar su hambre.
·         Aceptación de la realidad al devorar el trozo de pan.
Tercera parte. Cierre de la escena narrada (líneas 27-32): Descubrimiento definitivo de la personalidad del escudero.
·         Temor de Lázaro a que lo deje sin comida.
·         Caballerosidad del escudero.
Resumen
            Lázaro cuenta que le quedaba mucho por sufrir pues, aunque lo pasó mal con el clérigo, con éste nuevo no calmaría su hambre porque, además de ser un hipócrita que justificaba la buena cuna con el parco comer, no tuvo reparos en tomarse un buen trozo de pan que él había conseguido esgrimiendo razones mal disimuladas, por lo que Lázaro, temeroso de que lo dejara sin comida, se dio prisa en acabar.
Tema
            Hipocresía y parasitismo de la baja nobleza española de la época.
Comentario crítico del contenido
            Fragmento de la novela picaresca El Lazarillo de Tormes, publicada en 1554, perteneciente a la narrativa realista de la época. Esta obra inauguró el género picaresco. Según últimas investigaciones, su autor sería Diego Hurtado de Mendoza, escritor que sobresalió en el género satírico, aunque para la mayoría sigue siendo una obra anónima. El narrador es protagonista que cuenta su caso en primera persona, pues se trata de una novela autobiográfica. Adopta una perspectiva irónica que favorece el humor y la crítica. En este fragmento se mezclan los registros formal e informal. Las funciones del lenguaje que sobresalen son la referencial, la apelativa y la expresiva.
            Lo que más llama la atención de este fragmento es la consciente y maliciosa ironización del mito del honor. El escudero se considera un hombre de bien y como tal actúa: tiene un criado, habla con buenas razones y no se digna a trabajar con sus manos ni siquiera para llevar algo de alimento a su casa. Eso era lo que se esperaba de la nobleza de la época: el aristócrata que tenía dinero y posesiones vivía bien, el que sólo disfrutaba de un apellido y de ningún otro legado, vivía de las apariencias. Así, es consecuente cuando le dice a Lázaro: (...) el hartar es de los puercos y el comer regladamente es de los hombres de bien." La crítica que se hace a la injusta desigualdad de la sociedad estamental es un reflejo del racionalismo del Renacimiento que no se conformaba con aceptar el legado histórico recibido sino que aplicaba su visión crítica a todo lo que observaba.
            Por eso Lázaro, en su corta experiencia de la vida, ha aprendido pronto y se ha dado cuenta de que esas razones sólo son excusas para no reconocer que es más pobre que él y que vive prisionero de su pobre status. Su honor se reduce al empleo de esas fórmulas lingüísticas rituales, tan superficiales y pobres como él. En la España de la época era frecuente este tipo de hidalgo venido a menos que iba manteniéndose con las invitaciones de algunos parientes o con la generosidad de criados como Lázaro. La desmitificación de los valores heredados, de la hidalguía, alcanza aquí su máxima expresión, pues el criado piensa y, con razón, ¡Maldita tanta medicina y bondad como aquestos mis amos que yo hallo hallan en la hambre!". Además, cuando se percata de que coge el trozo de pan más grande y el escudero le dice que es bueno, con un alarde de sinceridad propio de sus años, le contesta: -¿Y cómo, agora -dije yo-, señor, es bueno? Es decir, Lázaro va desmontando poco a poco su hipocresía, su mezquino culto a las apariencias que le impiden no sólo mantenerse a él sino la tranquilidad del criado que ahora tiene que alimentar a su amo con lo poco que consiga. Su hipocresía es tan infantil que hasta un niño se percata de sus verdaderas intenciones. Al preguntarle si ha sido amasado el pan con manos limpias, pone una vez más en evidencia el contraste entre la verdad, la aceptación de la realidad de Lázaro, y la falsedad en la que él vive. En esta actitud también se observa una crítica al parasitismo social que contrasta con el entusiasmo de los erasmistas hacia el trabajo asiduo y realizado con las manos. Éstos últimos incluso pensaron en un sueño utópico: la creación de una república cristiana en la que todos ocuparan un oficio honesto.
            Pero cuando empieza a comerse el pan, ya no puede aparentar y así, en tono de burla, dice Lázaro: comenzó a dar en él tan fieros bocados como yo en lo otro. Y sube un grado más en la óptica degradante que ofrece de su señor cuando le aplica una expresión muy popular al descubrirle sus intenciones, como si le hubiera perdido el respeto al confirmarse que es el señor quien depende de su criado y no al revés: Y como le sentí de qué pie coxqueaba, dime priesa, porque le vi en disposición, si acababa antes que yo, se comediría a ayudarme a lo que me quedase. La agudeza observadora del niño se aprecia en los más pequeños detalles, como cuando dice que el escudero sacó un jarro desbocado y no muy nuevo dato con el que el autor vuelve a burlarse y a criticar a esa clase social que no servía absolutamente para nada. La perspicacia de Lázaro pone de manifiesto el individualismo de la época pues, aunque pequeño, sabe que sólo se tiene a él para defenderse y abrirse camino en un mundo cruel.
            Por otra parte, aunque se nombra a Dios en varias ocasiones, se aprecia una separación entre la vida religiosa y la profana, es decir, ya ha calado la secularización de la existencia porque el hombre ha sabido sacarle partido a los placeres de la vida y no quiere volver atrás. Su vitalismo e individualismo ya no dependen del estamento al que pertenezcan, sino de sus deseos de vivir.
            En definitiva, texto interesantísimo en el que se pone de relieve la crítica social de este tipo de novelas, así como la riqueza psicológica de los personajes que en ella aparecen  y el profundo conocimiento de los diferentes registros lingüísticos según el decoro de los personajes.

           
           

domingo, 7 de febrero de 2016

COMENTARIO DE UN FRAGMENTO DE LA CELESTINA. 1º DE BACHILLERATO.



CELESTINA.- ¡Gracioso es el asno! ¿Estás en tu seso, Sempronio? ¿Soy yo obligada a soldar vuestras armas, a cumplir vuestras faltas? Que me maten si no te has asido a una palabrilla que te dije el otro día viniendo por la calle, que cuanto yo tenía era tuyo y que, en cuanto pudiese con mis pocas fuerzas, jamás te faltaría. Y que, si Dios me diese buena manderecha con tu amo, que tú no perderías nada. Pues ya sabes, Sempronio, que estos ofrecimientos, estas palabras de buen amor, no obligan. Di a esta loca de Elicia, como vine de tu casa, la cadenilla que traje para que se holgase con ella, y no se puede acordar dónde la puso, que en toda esta noche ella ni yo no habemos dormido sueño de pesar. No por su valor de la cadena, que no era mucho, pero por su mal cobro de ella y de mi mala dicha. Entraron unos conocidos y familiares míos en aquella sazón aquí. Temo no la hayan llevado. Así que, hijos, ahora que quiero hablar con entrambos, si algo vuestro amo a mí me dio, debéis mirar que es mío. Pero, aun con todo lo que he dicho, no os despidáis, si mi cadena parece, de sendos pares de calzas de grana, que es el hábito que mejor en los mancebos parece. Y si no, recibid la voluntad, que yo me callaré con mi pérdida.
SEMPRONIO.- No es ésta la primera vez que yo he dicho cuánto en los viejos reina este vicio de codicia. Cuando pobre, franca; cuando rica, avarienta.
PÁRMENO.- Dete lo que prometió o tomémosselo todo. Harto te decía yo quién era esta vieja, si tú me creyeras.
CELESTINA.- Si mucho enojo traéis con vosotros, o con vuestro amo o armas, no lo quebréis en mí, que bien sé dónde nace esto. Bien sé y barrunto de qué pie coxqueáis; no cierto de la necesidad que tenéis de lo que pedís, ni aun por la mucha codicia que lo tenéis, sino pensando que os he de tener toda vuestra vida atados y cautivos con Elicia y Areúsa, sin quereros buscar otras. Movéisme estas amenazas de dinero, ponéisme estos temores de la partición. Pues callad, que quien éstas os supo acarrear, os dará otras diez.
SEMPRONIO.- Déjate conmigo de razones. A perro viejo, no cuz cuz. Danos las dos partes por cuenta de cuanto de Calisto has recibido; no quieras que se descubra quién tú eres. ¡A los otros, a los otros con esos halagos, vieja!
CELESTINA.- ¿Quién soy yo, Sempronio? Calla tu lengua, no amengües mis canas, que soy una vieja cual Dios me hizo, no peor que todas. Vivo de mi oficio, como cada cual oficial del suyo, muy limpiamente. A quien no me quiere no lo busco; de mi casa me vienen a sacar, en mi casa me ruegan. Si bien o mal vivo, Dios es el testigo de mi corazón. Y no pienses con tu ira maltratarme, que justicia hay para todos y a todos es igual. Tan bien seré oída, aunque mujer, como vosotros muy peinados. Déjame en mi casa con mi fortuna. Y tú, Pármeno, no pienses que soy tu cautiva por saber mis secretos y mi vida pasada, y los casos que nos acaecieron a mí y a la desdichada de tu madre.
Organización de las ideas
            Fragmento de un texto dialogado en prosa perteneciente al género dramático que forma parte del acto XII de La Celestina. En su estructura externa se observa la división en seis intervenciones de distintos personajes. En la interna, se pueden apreciar tres partes: la primera, en que Celestina expone con mentiras cuál es la situación real que a los tres afecta, la segunda en la que los criados se niegan a aceptar sus embrollos y reclaman lo que es suyo, y la tercera en la que la protagonista defiende su independencia. La acción transcurre, pues, de modo gradual y coherente, pero al desconocerse el comienzo y el final del fragmento, no puede hablarse de planteamiento, nudo y desenlace. De forma más explícita:
·         Primera parte. Primera intervención de Celestina: Codicia de Celestina.
Ø  Ingenio de Celestina para no compartir nada con los criados.
Ø  Refugio en la mentira para quedarse con la cadena.
  • Segunda parte. Respuesta de los criados: perspicacia de los criados.
Ø  Conocimiento de la verdadera naturaleza de Celestina.
Ø  Solicitud de la parte de las ganancias que les corresponde.
  • Tercera parte. Respuesta de Celestina: defensa de su individualismo.
Ø  Orgullo de su autosuficiencia para ganarse el sustento.
Ø  Reclamo de la justicia como forma de defensa.
Ø  Indiferencia ante lo que puedan saber de su pasado.
Resumen
            Celestina se niega a compartir con Pármeno y Sempronio ningún beneficio y se inventa que unos parientes le robaron, pero ante la terquedad de estos les promete más prostitutas. Los criados rechazan sus tretas y van aumentando su agresividad por lo que Celestina defiende su persona recordando que todo lo ha conseguido con su esfuerzo y que no le asusta lo que sepan de su pasado.
Tema
Codicia desmedida de Celestina.
Comentario crítico del contenido
            Fragmento del acto XII de La Celestina de Fernando de Rojas. Es un texto dialogado que pertenece al género dramático. Al tener diálogo, el papel de emisor y receptor se intercambian constantemente. La acción transcurre en casa de Celestina y el tiempo coincide con el real de una conversación. Tiene un tono persuasivo y agresivo. Las funciones del lenguaje que destacan son la expresiva, la apelativa y la fática.
            El tema de este fragmento es el reflejo de los cambios ideológicos, sociales, culturales  y económicos que se estaban produciendo en la Europa de finales del siglo XV. Llama la atención la seguridad con que unos personajes que casi rozan la marginación, como Pármeno y Sempronio, o que están inmersos en ella, como Celestina, afirman su individualismo, defienden sus derechos, en una época en que la sociedad estamental aún funciona plenamente. Si los comparamos con los personajes heroicos de los cantares de gesta que actúan como modelos para la colectividad, estos tienen un sentido utilitario y funcional de la vida, y lo único que les importa es satisfacer sus necesidades más inmediatas sin tener en cuenta modelos morales de comportamiento. Y una de las manifestaciones de afirmación de ese individualismo es la codicia. Al comienzo de la Edad Media el campesino o pequeño burgués, llevaba a cabo unas rudimentarias transacciones comerciales que consistían en el trueque de unos productos por otros; cuando se empieza a tener conciencia del valor del dinero y del oro en general, todas las clases aspiran a poseerlo. Que los criados de Calisto y Celestina se disputen las ganancias por los servicios prestados a aquel y que no les importe llegar al crimen o morir, es una prueba de que la mentalidad en general había cambiado y que el conocimiento de los valores humanos (humanismo) crecía a la par de la estimación por todo lo material: la sociedad estamental comienza el inexorable viaje hacia la sociedad de clases económicas. Ningún pensamiento ni análisis lo resume mejor que la atinada frase de Pármeno:  que sobre dinero no hay amistad. Dicho que a partir de esa época no ha dejado de tener vigencia.
            Otro aspecto que evidencia ese individualismo y los cambios de la época es la seguridad con que Celestina afirma que no es a ella a quien corresponde el pago de las armas que ellos hayan estropeado, sino a Calisto de quien afirma  que es persona que luego lo cumplirá, que no es de los que dicen «vive conmigo y busca quien te mantenga”. Es decir, Celestina sabe defender lo suyo y, aunque intuye que entre su querer ser (triunfar económicamente) y su tener que ser (adaptarse a lo que la vida le ofrezca), suele triunfar el segundo, sin embargo, no pierde la oportunidad de ganar dinero a pesar de su edad, y por eso Sempronio le recuerda que en cuanto que tiene algo se vuelve, como todos los viejos, más conservadora (no quiere compartir):Cuando pobre, franca; cuando rica, avarienta.
            Pero este fragmento, de asombrosa modernidad, también pone en evidencia la marginación y la pobreza que existía en la época. Celestina conocía el mundo de la prostitución y en él se siente tan segura que por eso ofrece a los criados de Calisto más prostitutas, pero con ello intenta desviar la atención de la cadena de oro. Sin embargo, ni la lujuria calma la codicia de estos personajes que, acostumbrados a convivir con los lujos y el bienestar de su señor, pero sin posibilidad de poseerlos, ansían como el mayor de los logros, la adquisición de dinero. La pobreza empieza a verse como un lastre del destino del que había que salir cuanto antes; ya no se siente el conformismo social de otras épocas: el hombre ya empieza a creer que, con posibilidades, todos pueden ser iguales, por eso los criados se permiten criticar abiertamente a sus amos. El poder del dinero es tan fuerte que de nada sirve ya la astucia psicológica de Celestina, sus tretas para engañar, porque los criados, siguen empeñados en su objetivo.
            Es al final cuando Celestina defiende mejor su persona y su condición, convirtiéndose su intervención en un modelo de la forma de pensar de la gente de su condición social. La exaltación del valor de la persona por sí misma se materializa con su discurso: todos los trabajos son necesarios en una sociedad; la dignidad se acrecienta si no se depende de nadie porque de esta forma el hombre se libera del servilismo a las clases superiores. Así, un personaje de los bajos fondos, se convierte en defensor universal de los derechos básicos del individuo, en abanderado de la libertad:  Vivo de mi oficio, como cada cual oficial del suyo, muy limpiamente.
            Texto magnífico, sin duda, que explica por qué La Celestina supuso un cambio  en la historia de la literatura, pues su autor no solo supo adaptarse a la psicología y registros de sus personajes sino que abrió el camino de una literatura de amplios ecos sociales en la que todas las clases tienen un evidente protagonismo.

sábado, 30 de enero de 2016

COMENTARIO DE UN FRAGMENTO DE LA ESCENA XI DE LUCES DE BOHEMIA. 2º DE BACHILLERATO.

Detalle del Guernica de Pablo Picasso.

Comentario de la escena undécima.
Luces de bohemia.
Llega un tableteo de fusilada. El grupo se mueve en confusa y medrosa alerta. Descuella el grito ronco de la mujer, que al ruido de las descargas aprieta a su niño muerto en los brazos.

LA MADRE DEL NIÑO: ¡Negros fusiles, matadme también con vuestros plomos!

MAX: Esa voz me traspasa.

LA MADRE DEL NIÑO: ¡Que tan fría, boca de nardo!

MAX: ¡Jamás oí voz con esa cólera trágica!

DON LATINO: Hay mucho de teatro.

MAX: ¡Imbécil!
El farol, el chuzo, la caperuza del sereno, bajan con un trote de madreñas por la acera.

EL EMPEÑISTA: ¿Qué ha sido, sereno?

EL SERENO: Un preso que ha intentado fugarse.

MAX: Latino, ya no puedo gritar... ¡Me muero de rabia!... Estoy mascando ortigas. Ese muerto sabía su fin... No le asustaba, pero temía el tormento... La Leyenda Negra, en estos días menguados, es la Historia de España. Nuestra vida es un círculo dantesco. Rabia y vergüenza. Me muero de hambre, satisfecho de no haber llevado una triste velilla en la trágica mojiganga. ¿Has oído los comentarios de esa gente, viejo canalla? Tú eres como ellos. Peor que ellos, porque no tienes una peseta y propagas la mala literatura, por entregas. Latino, vil corredor de aventuras insulsas, llévame al Viaducto. Te invito a regenerarte con un vuelo.

DON LATINO: ¡Max, no te pongas estupendo!

Organización de las ideas
Fragmento de la obra de teatro, Luces de bohemia de Valle-Inclán. Se trata de un texto dialogado en prosa, perteneciente al género dramático, que formalmente se divide en diez intervenciones de distintos personajes y dos acotaciones de tono descriptivo. Su estructura interna puede dividirse en dos partes que se corresponden con dos momentos dramáticos diferentes aunque relacionados entre sí: la primera, en la que se presenta la tragedia sobre la que gira la escena, y la segunda en la que el protagonismo es ocupado por la reacción y pensamiento de Max Estrella.  Sus ideas se organizan, pues, del modo siguiente:
Primera parte:
Primera acotación:
·         Miedo de la gente tras una ráfaga de disparos que mata a un niño.
Intervención de tres personajes: reacciones ante la muerte de  un niño.
·         Desesperación de una madre a la que le han matado el hijo.
·         Contraste entre la compasión de Max Estrella y la insensibilidad de don Latino.
Segunda parte:
Segunda acotación:
·         Descripción esperpéntica de la aparición del sereno.
Intervención de cuatro personajes: formas contrapuestas de entender la misma realidad.
·          Impotencia de Max ante la injusticia de la España de la época que le lleva a desear la muerte.
·         Indiferencia de don Latino.
Resumen
            Max Estrella reacciona con compasión y sensibilidad ante la trágica muerte de un niño y el dolor de su madre tras las revueltas callejeras, mientras que Latino responde con cinismo. Al primero le invade la impotencia pero se siente orgulloso de no haber participado en un sistema tan injusto y propone a su cobarde acompañante la muerte de ambos como redención.
Tema
Crítica a la situación sociopolítica y moral de la España de la época.
Comentario crítico del contenido
            Fragmento de la escena undécima de la obra Luces de bohemia, de Valle-Inclán,   el dramaturgo más innovador de la Generación del 98. Es un texto dialogado en el que destaca la presencia del emisor y del receptor que continuamente se intercambian sus funciones. Predomina un uso del registro formal en la intervención de Max Estrella con un empleo del nivel culto de la lengua, salpicado de expresiones coloquiales. Las funciones del lenguaje que sobresalen son la expresiva, la apelativa y la fática.
Se trata de uno de los fragmentos más famosos de la obra. Desde el inicio llama la atención la reacción de Max,  porque si al comienzo de la obra no le hacía falta ver para comprender lo que sucedía a su alrededor, ahora con solo escuchar la voz trágica de la mujer y los disparos de los fusiles, es consciente de la gravedad y de la locura de lo acontecido. Comprende que los más desfavorecidos también son los menos protegidos por el Estado. Por el contrario, la indiferencia, la frialdad y cinismo de don Latino, ejemplifican una conducta tan opuesta a la del amigo, que bien podría decirse que son las dos caras de la España del momento, la que Machado tan atinadamente describió en su poema El mañana efímero.  Asimismo, en ese drástico contraste de caracteres es donde luce más el esperpento, por eso Valle elige a una madre desvalida que accidentalmente se encontraba en el lugar de los hechos porque, como afirma en otra parte de la obra, no hubo toque de queda. Si ante la muerte de un niño don Latino reacciona sin empatía, alejándose de cualquier sentimiento de compasión, Max se desploma. En el comportamiento de frialdad exagerada de don Latino, Valle aplica la técnica del distanciamiento, que es una forma de expresar la deshumanización de la vida contemporánea, y que ejemplifica una de los procedimientos más eficaces del esperpento.
La crítica no se dirige solo a don Latino, sino también a los que estaban acomodados en su clase, en su tranquilidad burguesa, y no tenían conciencia de la situación, no se sentían implicados en los problemas provocados por las desigualdades sociales. Sin embargo, los que habían decidido no participar en ese orden de cosas, como el protagonista, Me muero de hambre, satisfecho de no haber llevado una triste velilla en la trágica mojiganga, se sienten orgullosos de no tener que deberle nada a ese sistema que tan mal trata a los que menos tienen. Max no es un obrero, tiene una gran formación cultural, pero en la peregrinación de ese día en el que ha podido convivir unas pocas horas con uno de los pocos personajes que Valle no ha convertido en fantoche, el obrero catalán, se siente como uno de ellos; en esas circunstancias para él no hay diferencias de clase, sino ausencia o presencia de conciencia, de humanidad, de vergüenza.  Don Latino es tan pobre como cualquiera de los manifestantes, sin embargo, su cobardía e insensibilidad lo apartan de ellos.
La escena es un reflejo de la situación social y política del momento. No puede olvidarse que, comparada con otros países europeos, España tenía un gran atraso económico, político, social y cultural. Por otra parte, el gobierno del conservador Maura no supo contentar las aspiraciones de la clase obrera e incluso redactó la Ley del Terrorismo contra los movimientos obreros, como puede apreciarse en esta escena.
Max menciona la reaparición de la Leyenda Negra española como un símbolo de la impunidad con que actúa el poder contra los que no tienen nada. No puede considerarse civilizado un país que impone su autoridad a base de fuerza, nos viene a decir el autor entre otras cosas, entendiéndose entonces la famosa sentencia España es una deformación grotesca de la civilización europea. En su desesperación, no se le ocurre nada mejor que intentar suicidarse en el viaducto, pero él ya se siente regenerado, mientras que le asquea la actitud del que dice llamarse su amigo. Derrotismo y pesimismo que también se aprecian en el personaje de Andrés Hurtado de El árbol de la ciencia.
En definitiva, fragmento indispensable para comprender la altura estética del esperpento y para apreciar el cambio operado en la evolución personal de Valle, pues del individualismo estetizante de las primeras obras, pasa a una concepción nueva del arte provocada, en parte, por su conciencia de los males sociales de la España del momento.